Mis papás se separaron cuando yo tenía 5 años. Con mi mamá nos fuimos a vivir a la casa de mi abuelo. Recuerdo que estaba en el jardín Capullito o en la escuela Andrés Bello, ambos en Temuco. La época de los 5 o 6 años. En ese entonces, solo me gustaban la lucha libre, que recién era la WWE, y el básquetbol. Pero mi papá, fanático del fútbol, me insistía y me insistía. Al principio no me gustaba el fútbol -para nada-, pero finalmente, con 8 años, logró convencerme.
Me inscribió en la escuela de la CCU. Empecé como arquero, fui a un par de entrenamientos, pero luego no me llevó más. Sin embargo, ya me había encantado el fútbol. A la vuelta de la casa de mi abuelo había una multicancha, y ahí me la pasaba jugando. Hice amigos, y era yo quien los iba a buscar a sus casas, gritando el típico "¡ALOOOOOOO!". Mi papá siempre jugó en el equipo de barrio Las Quilas, así que me inscribieron ahí y empecé en los penecas.
Cuando eres niño, no puedes ser consciente de las cosas importantes, pero el fútbol fue mi fiel compañero. Mi mamá trabajaba todo el día porque era el sostén de los dos, así que yo siempre iba rotando entre las casas de los vecinos para tomar once o quedarme un rato. A pesar de pasar gran parte de mi infancia "solo" con mi amigo microondas, nunca me sentí realmente solo. Siempre encontraba la forma de estar acompañado, y mi gran vehículo para eso fue el fútbol.
Con tanto practicar, me hice medianamente bueno y pude seguir jugando en distintos lugares: la escuela de la Universidad de Chile con el profe Marco y Cristian, la escuela Amanecer con el profe Vladi, la selección de La Araucanía con el profe Pato y Curry, Deportes Temuco con el profe Latín y Lefemiere, y en mi liceo, el Comenius, con el profe Rubén. Muchas personas fueron mentores en mi crecimiento.
¡Imagínense que entré a la universidad gracias al fútbol! Entré a la mejor universidad del sur de Chile por él. Hice mis mejores amistades gracias al fútbol. Ya en la universidad me hice árbitro de fútbol y creé uno de los clubes de árbitros más grandes de la región de La Araucanía. Hoy, con más herramientas, tengo una empresa de árbitros que incluso me ayudó a solventar mis estudios de postgrado.
¿Qué les digo? Solo puedo decir: gracias, papá, por presentarme a mi primer amor. Sin el fútbol no sé dónde estaría. Pero algo que sí les puedo decir con mucha seguridad: el fútbol es y será mi gran amor. Aunque hoy ya no juego, la pasión y el amor que tengo por el fútbol son únicos. Fue mi compañero en los buenos y malos momentos.
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